Faro document (1970)

Faro document (1970)

Bergman incursiona en el género documental con imagenes paisajistas y bucólicas de la Isla de Faro. Algunas entrevistas son más interesantes que otras y en conjunto otorga un mensaje político fuerte pero algo deficiente en su ejecución.

Los mapas iniciales nos sitúan en el espacio y contexto de la Isla de Faro, lugar de filmación de varias películas previas de Bergman como La vergüenza (1968) y La pasión de Ana (1969). Por condiciones geográficas, Faro queda relegada como un punto organizado por una población rural y desprovista de las facilidades que trajó la industrialización a la población urbana de Suecia. La ganadería y las labores marítimas son el motor principal de su endeble economía, dadas la dificultad del transporte y el monopolio existente en varios negocios, y algunos se encuentran en picada como la oficina postal. Lo único estable que parece haberse asentado desde hace mucho tiempo es la religión, actividad que varios practican a pesar de las condiciones climáticas.

Por momentos sólo se limita a seguir una línea descriptiva, mostrando las fuertes escenas de las degollaciones y nacimiento en vivo del nuevo ganado. Los parajes son por lo general bucólicos, aunque en la costa se puede apreciar bellas imágenes del mar y los altos árboles que crecen en la zona forestal. Algunas zonas se encuentran deshabitadas, como bosques muertos y granjas abandonadas. Podría considerarse zonas con potencial de ser poblados, sin embargo el limitado número de habitantes y las condiciones financieras impiden que estos lugares sean bien aprovechados.

La mayoría de personas lo tienen claro sobre su situación, especialmente los más jóvenes, quienes manifiestan su deseo de migrar a un lugar urbanizado con mejores condiciones de vida. A los mayores sólo les queda seguir con sus labores, ya sea con una actitud optimista como la granjera del inicio, o con un pesar como carga sentimental, como un poblador que tenía un buen prospecto sobre un hipotético puente que conecte la isla con la ciudad, para sólo quedar como una idea infructífera y olvidada. El alcalde, por otro lado, hace lo posible por rescatar los aspectos positivos de la isla y su capacidad como rumbo turístico, a pesar de la desaprobación de un poblador que sirve como antítesis de lo que dice el alcalde, en una gran secuencia de edición yuxtapuesta una a la otra.

Tras la entrevista final de una familia descontenta por los problemas que conlleva cuidar un hijo dadas las extensas jornadas laborales y la gran distancia entre su hogar y su lugar de trabajo, Bergman denuncia las decisiones políticas que, poco a poco, están borrando a Faro del mapa escandinavo y lo condenan a una miseria económica y social. Resulta necesaria y urgente la denuncia. No obstante, como un todo, el documental no resulta potente y divaga en varias ocasiones, limitándose a mostrar la isla de una forma plana y poca atractiva.

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