He suspendido pero… (1930)

Va de más a menos, pero, con todo y sus defectos, muestra una visión interesante y escéptica sobre las instituciones educativas.

Tiene algunas similitudes con la anterior película de realizó Ozu: Caminad con optimismo (1930)

Ambos comienzan con un travelling inicial, que muestran figuras repetitivas. En esta oportunidad, sumado a los planos en el salón de clase, siento que hay una intención de mostrar a los estudiantes como entes mecánicos y homogéneos. Además del profesor como figura autoritaria, conforman una visión desalentadora y sombría de la institución educativa.

Se repite, también, algunos elementos naifs, en algunos gags de comedia y el baile propio de la pandilla de amigos.  

Hay un acercamiento hacia la vida estudiantil japonesa, llena de angustias y esperanzas, la mayoría de ellas destrozadas por las normas rígidas y la desesperada búsqueda de conseguir el éxito académico a través de cualquier medio. Muestra de ello es el hecho de que el protagonista y sus amigos buscan copiar en el examen en lugar de estudiar como se debe. Muchos nos sentimos identificados y empatizamos con su pesar.

Sin embargo, siento que va de más a menos. Salvo la recta final, con una secuencia innecesaria de unos alumnos escapándose de clase, los mejores momentos ocurren cuando los alumnos revisan las notas [tema aparte: hay ahí un inquietante plano de una lámpara que simula, a mi parecer, la soga de una horca. ¿Podría ser un precursor de la vasija de Primavera tardía (1949)?], y las escenas de conversación entre el protagonista y el personaje de Kinuyo Tanaka, cineasta y quien aparecería más adelante en otras películas de Ozu.

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