La Liga de la Justicia de Zack Snyder (2021)

Me interesa más la reflexión que me provocó sobre la industria de Hollywood y la “lucha” por la “visión original” del director que la película en sí. Aunque las escenas de acción sí estuvieron formidables.

Lo que comenzó como un simple rumor terminó siendo, según los fanáticos más acérrimos, el “renacimiento” de un universo cinematográfico que había sufrido de la ineptitud de los guionistas y directores que no sabían como encajar las piezas de un mosaico de superhéroes con mucho potencial creativo y también (obviamente) monetario. En un mercado dominado por el MCU y su éxito demoledor, resurge de las cenizas el corte de un visionario, un distinto, un maestro de las mismas referencias religiosas de siempre, cuyas películas tienen una complejidad tan impostada y profunda que ni él mismo sabe cómo explicar. Así nace La Liga de la justicia de Zack Snyder.  

Pero algo que me hace un poco de ruido es que, parte de los que ahora alaban esta “proeza” cinematográfica, antes lo repudiaban (muy justamente, a mi parecer) por ser un director que se esfuerza enormemente por creer que sus películas son mucho mejor de lo que son en realidad, siendo Christopher Nolan la eminencia suprema de esta mediocre escuela de cineastas. Y parece que en este caso usó la excusa del corte extendido como comodín para impulsar su “lucha” por un pseudo cine de autor en Hollywood, donde se carece de la “visión original” del director. Y cómo mencioné anteriormente, efectivamente la audiencia se la creyó. Incluso leí por ahí una noticia sobre David Ayer y su posible pedido (aunque para mí suena más como una amenaza) de lanzar su visión original del Escuadrón suicida (2016).

Volviendo a la “monumental” obra de 4 horas de duración, otra cosa que me llamó la atención es la relación de aspecto. Uno diría que es muy arriesgado hacer algo así, en estas circunstancias y conociendo la magnitud de esta película. Y los motivos por tal decisión eran dos principalmente: le fascinaba ver esa relación de aspecto en una sala de cine y por cuestiones de composición, ya que esta resalta a los superhéroes como imponentes figuras verticales. ¿Logró su cometido? En parte sí, especialmente en los momentos donde vemos a un temible Superman, erigido como la deidad que es, y en parte no, ya que los rápidos movimientos de cámara rompen toda intención de mantener dicha composición.

Y después, nada, más de lo mismo de siempre: arcos argumentales que apelan a un sentimentalismo facilista y endeble (aunque admito que lo de Cyborg sí me dio algo de penita, por qué no) diálogos expositivos, personajes creados a base de clichés. En definitiva, todo lo posible por hacer que el espectador entienda todo y captar su atención al máximo. Ah, pero eso sí, las escenas de acción, formidables.  

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