La mujer de esa noche (1930)

Todo es emoción pura que conmueve, sin llegar a la sobre exaltación. Los recursos usados fortalecen la creación de un relato gentil, por momentos oscuro, pero siempre honesto.

Al inicio se muestran calles oscuras, desoladas y grandes edificaciones, donde se acentúa su forma vertical, apoyado también por planos con mucho techo. Todo ello configura un ambiente opresivo y siniestro, donde hasta la misma policía se pierde y cualquier malhechor podría escapar fácilmente. Por otro lado, el escenario de la casa es sofocante y lleno de sufrimiento. Y a pesar de que gran parte se desarrolla en este sitio, se aprovechan cada espacio y la posición de los personajes varía cada cierto tiempo.

Sumado a ello, el ritmo también es un aspecto importante que condiciona los distintos lugares. Primero hay un ritmo frenético, apoyado por una edición ágil con varios cortes. Más adelante se relaja y predomina el sosiego. Pero lo que siempre está presente es la tensión que genera expectativa sobre lo que va a ocurrir, gracias también a que las acciones ser realizan en tiempo real, casi prescindiendo por completo de las elipsis.

Hay también un recurso interesante que son los abundantes planos detalle de las manos. Tal como lo haría Bresson en su cine y luego lo anotaría como lección en sus Notas sobre el cinematógrafo, las manos son un medio para expresar mucho sobre el estado mental de los personajes. En este caso, algunas veces, estas sólo terminan reiterando acciones evidentes, pero en su gran mayoría, las manos de los distintos personajes revelan angustia, calma, soporte, convicción, etc. Todo un vasto conjunto de emociones encapsulado en una parte del cuerpo.  

Y tal vez lo mejor es que al final, evita caer en el sentimentalismo sobre exaltado y un destino sumamente romántico e irreal. Por el contrario, parece que en esta ocasión Ozu aboga por el castigo como redención justa que permitirá a su protagonista vivir en paz consigo mismo. Si bien, en esta ocasión, aún perduraría el toque optimista reflejado en las sonrisas de la esposa e hija del padre protagonista, en sus últimas películas, esto será reemplazado por la potente imagen de la soledad humana.

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