La noche del cazador (1955)

Un relato sumamente aterrador y singular, pero también con un lado dulce y tierno, como si fuera una fábula oscura sobre la lucha constante entre el sueño y la pesadilla.

Personalmente siento que, más que aterrador, resulta ser un relato ambivalente. Porque muy a pesar de la terrorífica e imponente actuación de Robert Mitchum y las inquietantes escenas que comparte con Willa Harper, hay también una dimensión tierna, que contrarresta su fuerza maligna. Es la historia de las manos con las inscripciones de amor y odio. Es la lucha constante del sueño contra la pesadilla. Aunque la primera mitad es sumamente perturbadora, el final es todo lo contrario. Termina esbozando un relato que se asemeja más a la fábula o los cuentos de hadas, pero con tintes oscuros, siniestros.  

Por ello, los personajes también se comportan de manera peculiar, como si formaran parte de un mundo irreal, de fantasía. Prueba de ello es el malvado predicador. Como se indica en los versos iniciales, es un lobo vestido de oveja. Hay un momento donde, tras ser golpeado, este grita con una ferocidad inhumana, digna de una bestia. Y más adelante se cuestiona su cualidad humana cuando el pequeño John Harper se pregunta si acaso este personaje duerme. Para algunos puede parecer cómico o incluso insignificante, pero creo que dicha interrogante provee resonancias que aportan a la naturaleza compleja y contradictoria del villano.

Ya de más está recalcar la calidad poderosa y sobrecogedora de sus imágenes, con una fotografía de sombras, siluetas y escenarios puntiagudos. Dos de las escenas más fantásticas que dan ejemplo de estos son las de la luna de miel y el asesinato de Willa Harper.  

Y todo ello, sumado a lo descrito previamente en el inicio, permite que tenga la etiqueta de inclasificable. Hay una amalgama de géneros y estilos diversos, que van desde el cine negro hasta el expresionismo alemán.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *