La orilla que se abisma (2008)

La orilla que se abisma (2008)

A pesar de tener un estudio interesante de las posibilidades de la imagen, no me termina fascinando por sus excesos, su falta de ideas y constantes redundancias.

Se podría decir que la parte inicial es una simulación temporal y espacial de situar al espectador en plena naturaleza, observando atentamente sus ríos, vegetación y algunos animales y personas que aparecen brevemente.

Pero luego, el viaje adquiere una dimensión completamente distinta. De repente los planos se entremezclan y se superponen. Se crean composiciones únicas y los ruidos de la lluvia, el agua y el viento configuran una banda sonora de ruidos artificiales y oníricos.

Llega al punto donde ya todo se vuelve completamente etéreo. El sonido parece ser un chirrido singular. No se diferencia la ubicación de los planos. Incluso se emplea el recurso del desenfoque adrede para dibujar lo que parecen ser pinturas impresionistas.

Siento que, más allá de presentar el mundo poético de Juan L. Ortiz y homenajearlo, el director está preocupado también por la búsqueda de una nueva estética, un estudio de las posibilidades de la imagen para crear un universo personal, su sello estilístico.

Da la impresión también que toda la película es una suite musical, siendo cada plano una nota, cada segmento la parte de un todo.

A pesar de todo ello, siento que no termino conectando. No me provoca casi nada. Me parece algo redundante y extremadamente contemplativo, especialmente en el último tercio. Parece ser una excusa para desvelar un despliegue técnico que destaca solo por ser llamativo.

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