Es una lástima que lo único rescatable sea el arranque, con el gruñido monstruoso de la bestia que será revelada pronto, las miradas perdidas y el pavor de los corderos encerrados en la granja (en esta película los animales observan y piensan como los humanos), todo ello presentado en planos con una simetría fría y una atmósfera densa, propia del lugar.

El problema llega cuando, a la larga, estos recursos dejan de tener dicha fuerza sombría y todo se transforma en algo más bien artificial, con una historia y guion que pretende sorprender por su rareza pero que termina en el ridículo narrativo, con ese final terrible e incoherente. 

Hay varias transiciones entre escenas donde se muestran los nebulosos paisajes de Islandia. No estoy del todo seguro si es para realzar la atmósfera imponente o como recurso narrativo, pero llega a un punto en el que parece que al director se le ha acabado la imaginación y su uso es más bien gratuito, denotando una gran falta de imaginación a la hora de editar y estructurar la película.

La música, de notas sostenidas y zumbidos aterradores, no hacen más que subrayar de más varios momentos de tensión, en donde el silencio hubiera sido una alternativa mucho más sutil.

Realmente esperaba algo distinto. Muy a pesar de que A24 sólo la distribuya (en la producción colaboraron varios países europeos), parece que Lamb cae en esa tendencia del cine de terror contemporáneo de dicha compañía: películas de terror “lentas y sin screamers”, que rinden culto a la forma más clasista del “cine arte”, y, por sobre todo, desalmadas y carentes de interés. Terrible, como diría la Beba Sideral. Jaaaaaaaaa.

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