Luz de invierno (1963)

Luz de invierno (1963)

Luz de invierno (1963)

Es ante todo una película irreductible y esencialista, porque Bergman sólo muestra lo justo y mesurado sobre el tormento humano y la ausencia de una figura divina que guíe su destino y otorgue un sentido de vida. Y es además una interesante reflexión sobre el amor humano contra la pasión divina y la crisis de fe.

Es la segunda película en la trilogía sobre el silencio de Dios, siendo Como en un espejo (1961) la primera. Pero creo que dicho silencio ya está tan esbozado y evidente que ya se ha dicho todo sobre ese tema. Y si la primera termina de forma agridulce, con una perspectiva positiva sobre Dios y su amorosa presencia que ilumina las vidas de las personas, en Luz de invierno, Tomas cree que Dios lo ha abandonado y no responde sus plegarias. Y por si fuera poco, se siente incapaz de ayudar a Jonas, un paranoico hombre de familia que teme las mortales consecuencias de la violencia bélica, y también incapaz de amar y serle correspondido a Marta, una maestra que no encuentra otra forma de vivir mas que entregarse a Tomas y servirle como esposa, contado en uno de los diálogos más deprimentes que haya visto y mostrado con unos primeros planos punzantes, mirando directamente hacia el espectador. Es precisamente en este último punto donde creo que Bergman deja en evidencia su tesis sobre la crisis de fe y la ausencia de Dios.

Es más fuerte el impacto emotivo que tienen otras personas en la vida de los protagonistas, y no tanto la existencia de un Dios cristiano como entidad que ilumine el camino de las personas. El tormento de Tomas deviene más por la pérdida de su esposa. Vemos claramente su dolor profundo en la escena donde ve sus fotos. Se lamenta profundamente y más adelante revela a Marta que nunca olvidará a su esposa y siempre se sentirá incapaza de amar a alguien más, siquiera sentir afecto. Ella tampoco siente que su pesar deviene de su crisis de fe, sino del rechazo de Tomas. En la carta que le escribe a Tomas, después de pedirle a Dios en oración que se revele y de sentido a su vida, llena de sufrimiento y desolación, descubre que su destino fue y siempre será el de servir a Tomas y tomarlo como esposo, para cuidarlo y salvaguardarlo de todo su dolor e incapacidad de ayudar a los demás a través de la invisible fuerza de la fe cristiana. Por último, Jonas sólo buscaba consuelo y un motivo convincente para dejar de pensar en los peligros que puede ocasionar una hipotética guerra armada. Tomas, por el contrario y en cierta manera, como desahogándose, le manifiesta su cruda y pesimista visión sobre un Dios malévolo e indiferente al sufrimiento humano, como si fuera una «monstruosa araña», nuevamente haciendo referencia a Como en un espejo (1961). Tal vez Tomas habrá pensado que lo que dijo eran simples palabras llenas de frustración por el «silencio de Dios», pero nunca pensó que la trágica consecuencia sería el terrible suicido de Jonas, incapaz de vivir en un mundo con un Dios destructor.

En la recta final, Tomas, acompañado de Marta, se dirigen a dar una misa en otra iglesia. Pero si en la notable secuencia inicial donde vemos la logística de la misa donde asisten no más de diez personas, en esta última iglesia no hay nadie, salvo Marta, Tomas, el organista y otro clérigo, quien otorga la estocada final para que Bergman pueda finalizar su concepto sobre la crisis de fe y la ausencia de una figura divina. Antes de empezar la misa, este último le explica a Tomas sobre su perspectiva acerca de la crucifixión de Cristo, subestimando su dolor físico, manifestando que cualquier otro ser humano pudo soportarlo, y realizando hincapié en su pesar espiritual, citando las últimas palabras que dijo antes de morir en la cruz: «¿Padre, por qué me has olvidado?. Y en ese momento Tomas parece tener un momento de trascendencia, ya que son las mismas palabras que dijo anteriormente, en un momento clave de la película, ya que justo en ese momento fue iluminado por una la luz lateral que venía desde una ventana. ¿Ilumino Dios antes a Tomas con su sabiduría y recién se habría dado cuenta al final? ¿O será una forma de burlarse mostrando a su vez su presencia y su indiferencia hacia Tomas y todas las personas en general?. Toda sugerencia e interpretación es válida. Al final, Tomas se siente identificado con la pasión de Cristo y decide seguir adelante con su labor de clérigo, procediendo con la misa a pesar de la ausencia de un público necesitado de la salvación divina que provee Dios. La película termina y nos damos cuenta que Bergman lo tenía claro desde un inicio: Dios no existe como entidad cristiana, sino como idea. El consuelo debe ser hallado en otros seres humanos, sin intervención divina de por medio, ya que puede llevar a la incapacidad de afecto y amor por el prójimo. Pero irónicamente el ser humano es malvado y busca consuelo en Dios. Es como una sentencia contradictoria digna de un oxímoron: Bergman ve al Diablo en Dios y a Dios en el ser humano.

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